viernes, 24 de abril de 2015
jueves, 16 de abril de 2015
lunes, 17 de noviembre de 2014
Héctor Gamarra: El locutor que ve con su voz
Héctor Gamarra: El locutor que ve con su voz
OTTO MEDINA MONTERROSA, ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL.
Publicado en El Universal el domingo, 03 de febrero de 2008
A Héctor Gamarra Olivares lo escuchan los santarroseros todos los días del año, desde las primeras horas de la mañana en los 101.1 de Santa Rosa Stereo, la emisora del pueblo.
Es muy creativo, diestro, recursivo y elocuente al presentar los temas musicales y las pautas comerciales.
En su mente guarda —según él— más de mil nombres de habitantes de todos los sectores del pueblo quienes hacen parte de su reporte de sintonía diaria.
A sus oyentes les es familiar escucharlo nombrar fluidamente a Gertrudis Pinto, María Vivanco, Osiris Castro, Jamer Robles, Pedro Torres, Alí Padilla, Leonela Rebolledo, Santiago Torreglosa, Hortensia Padilla, Teresa del Rosario Cárdenas, Osiris García, Carlos Marrugo, “La Monita” Carrasquilla, todos ellos habitantes del barrio Sagrado Corazón de Jesús.
A quienes se les muere un familiar —como señal de duelo y por respeto a su dolor— los deja de nombrar por varios días.
En sus más de 25 años en los medios de comunicación, le ha tocado hacer perifoneo, ser jefe de debate de campañas electorales, animador de eventos públicos, asesor de imagen de políticos, corresponsal para noticieros y magazines de las emisoras de Cartagena. Al comienzo de su carrera, fue corresponsal del periódico El Universal, de Cartagena, a pesar de su ceguera.
Es el primero de nueve hermanos del matrimonio compuesto por Laureano Gamarra Baena y Nidia Esther Olivares Hernández, quienes hicieron su mejor esfuerzo para que él estudiara, pero sólo pudo hasta quinto grado de primaria porque los primeros síntomas de una infección óptica aparecieron para truncar sus aspiraciones.
“Empecé a perder la vista desde que tenía algo mas de diez años —sostiene sin amargura y con mucho humor.— Tuve la ilusión de ser abogado o periodista, aunque la radio para mí lo es todo. Duermo todas las noches con un radio prendido, pero, además, tengo otro de baterías para cuando se va la luz”.
Comenta que siempre ha admirado al periodista Juan Gossaín, quien se convirtió desde hace muchos años en su profesor. Gossaín es su ejemplo. Por eso lo escucha desde las primeras horas del día, cuando tiene que salir a guerrear para sostener la emisora, sus tres hijos y su hogar; y en los ratos libres, hasta que el periodista desaparece de la programación diaria de la cadena radial RCN.
Héctor es uno de los personajes más queridos del pueblo. Dicen los amigos que algunos alcaldes han tenido el cariño de la gente, pero al poco tiempo el mismo pueblo se encarga de señalarlos y tirarlos al cuarto de San Alejo, porque no cumplen con las expectativas o por cualquier amarre burocrático que no les simpatiza a sus seguidores. Héctor Gamarra, en cambio, ha tenido una aceptación ascendente, popularidad y cariño en la comunidad santarrosera. Todos los días gana en sintonía radial.
Cuando Héctor está en la emisora, en el pueblo cuesta trabajo escuchar un radio sintonizado en las frecuencias de Olímpica, Tropicana, La Reina o Rumba, las emisoras stereo de Cartagena, que, por lo general, son dueñas de la sintonía en cada uno de los pueblos del departamento de Bolívar. Cuando Héctor está al aire en “Santa Rosa Stereo”, el rating de las emisoras de Cartagena desciende a cero. Las calles del pueblo, son un solo radio. Héctor es el dueño de la sintonía.
SUS INICIOS
“Estoy en la radio por iniciativa de Teresa Correa Martínez. Fue ella quien me motivó para que me metiera en esto, que es mi vida. Desde entonces he estado con muchos periodistas de trayectoria reconocida en casi todas las emisoras de Cartagena; en “La voz de las estrellas”, “Radio bahía”, “La voz de Las Antillas”, “Radio Vigía”, “Colmundo Radio”, “Radio príncipe”, “Radio Esperanza”, “Emisoras Fuentes” y “Radio Bucanero”. En la mayoría de ellas, acompañando a Luís de Ávila. Pero también he tenido la oportunidad de estar con Rafael Puello Montero, Carlos Carrillo López y Dagoberto Coneo López, entre los que recuerdo”.
“Muchos de los que me escuchan no saben que tengo limitaciones visuales. Ello se debe a que, a pesar de ser ciego, tengo facilidad para redactar mentalmente la información, conservando los lineamientos periodísticos. Por eso no detectan mi discapacidad”, manifiesta con orgullo y ganas de impresionar.
Esta habilidad no sólo se debe a su destreza en los medios, ya que “el Centro de Capacitación a Líderes Populares” estuvo en esta localidad adelantando unos seminarios- talleres, en los que Héctor tuvo la posibilidad de capacitarse.
“En estos talleres —nos cuenta— comenzó la idea de la ley de las emisoras comunitarias, a raíz de un programa que él se inventó a través de los altavoces de la iglesia, medio que enlazaba con la emisora de Cartagena cuando hacia los informes”.
“Ellos vieron la forma como yo trataba de masificar la información y les gustó mucho ese detalle. Años después aparecieron las emisoras comunitarias y le concedieron a Santa Rosa la suya por derecho propio”.
EL AMOR POR SU TIERRA
Santa Rosa es un municipio de más de dieciséis mil habitantes, a unos diez kilómetros de Cartagena, en el carreteable que conduce a Villanueva, San Estanislao de Kostka y Soplaviento, los municipios que conforman La Línea.
Su desarrollo se ha dado gracias al empuje de su gente, que a pesar de estar muy cerca de la capital de Bolívar, el apoyo departamental no sólo es invisible para Héctor Gamarra Olivares, sino que el resto de la población no ha visto una obra financiada por el departamento en años. Aun así, Héctor se siente orgulloso de su pueblo.
“Nací en Santa Rosa el 23 de octubre de 1964. Aquí hice la primaria en la ‘Institución Técnico Agropecuaria Nuestra Señora del Carmen’. Aquí tengo mi hogar, tres hijos que quiero mucho y he podido trabajar en muchas actividades, todas ellas relacionadas con la comunicación. Excepto la época en que gracias a la idea del Dr. Prudencio Machacón Escamilla fui electo como concejal. Allí me mantuve nueve años”.
La gente lo describe como un luchador incansable. Cuando le ofrecieron la posibilidad de aspirar al Concejo de Santa Rosa, no lo pensó dos veces y se apresuró a adelantar la campaña política que lo llevó a sacar la mejor votación en las elecciones de 1991 y a ser reelegido dos veces más como concejal.
“Yo fui un concejal de respeto, no como algunos concejales machuchos que hay en el actual Concejo”, apunta con vehemencia. Y así lo confirman comentarios como los de Eduard Torreglosa Castellanos:
“Conozco a Héctor desde hace más de treinta años. Es un tipo que se ha dado a querer, la comunidad lo estima bastante. Hicimos política juntos y defendíamos a la comunidad, como el papá defendiendo a su hijo”.
Sus gafas oscuras le dan la apariencia de un piropeador profesional, de esos que se quedan viendo el infinito, esperando el paso de una morena contorneada de su pueblo para dejarle caer la magia de su voz fuerte. Pero no, Héctor usa gafas para darle otra apariencia a su condición de invidente, tal vez para no llamar tanto la atención cuando “mira” a la gente y su mirada se pierde en el vacío. Usa gafas porque a pesar de ser ciego, todavía conserva en su ego un rezago de hombre afrocaribe que quiere impresionar con su pinta. Usa gafas porque lo hacen ver mejor.
Pero su vida no ha sido fácil. Además de su afición por el periodismo y la locución, se ha desempeñado en diferentes actividades: siendo muy joven se ocupaba de ordeñar en la finca de su mamá, pero también se le medía a desmontar potreros. Quizás esa misma situación lo obligó a irse a donde una tía anhelando otras posibilidades.
“En alguna ocasión —afirma Héctor— hace muchos años fui a Luruaco a visitar a mi tía Clelia Olivares Hernández. Allí me salió trabajo por varios meses como ayudante de albañilería. Posteriormente, mi tía se mudó para El Copey (Cesar) y resolví acompañarla. Allá conseguí trabajo nuevamente en la misma actividad que venía desempeñando en Luruaco”.
A lo largo de la conversación se mostraba un Héctor luchador y decidido, a pesar de su impedimento. Un hombre que busca por su cuenta no quedarse relegado en la información, un hombre que va hurgando por la vida y su experiencia lo convierte —a su manera— en un triunfador, en un fuerte crítico de la vida misma.
“Álvaro Uribe es el presidente que Colombia necesitaba. Con él hemos conseguido muchas cosas. Por eso hoy creo que el intercambio humanitario también se va a dar”, manifiesta.
En dos ocasiones estuvimos en la emisora para hablar con Héctor de su vida, su paso por las emisoras de Cartagena, y lo que pensaba de la realidad de su municipio. Durante ese tiempo quedamos casi al tanto de lo que acontece en Santa Rosa, pero también nos dejó ver un profundo agradecimiento hacia el ex alcalde Carmelo Guzmán, quien en su campaña a la Alcaldía en el 2000, le ofreció —si llegaba al primer cargo del municipio— diligenciar la emisora. Inmediatamente que fue elegido, le cumplió el sueño de tener su frecuencia.
jueves, 22 de noviembre de 2012
UN GRAMMY LATINO PARA UN CABALLERO DE LA MÚSICA, RODRIGO RODRÍGUEZ.
La Fundación Autores y Compositores de Colombia,
FUNAYCOL, quiere resaltar con orgullo el premio Grammy Latino alcanzado por los
artistas colombianos Juan Piña y Rodrigo Rodríguez como mejor Álbum Vallenato / Cumbia, titulado “Le canta a San Jacinto”.
Juan Piña, nacido en San Marcos Sucre, mientras que Rodrigo Rodríguez nacido
en San Jacinto Bolívar, lograron lo que parecía imposible de alcanzar dado que
en la misma categoría se encontraban nominados Omar Géles y su “A dúo con los
grandes”; Jorge Celedón con “Lo que tú necesitas”, Silvestre Dangond con “No me compares con nadie” y Diomedes Díaz y su
álbum “Con mucho gusto caray”.
RUBEN
DARIO ALVAREZ - EL UNIVERSAL
La producción “Le canta a San Jacinto” es un
compendio de canciones del estilo sabanero, donde los
interpretes grabaron varias canciones pertenecientes a compositores de la sub
región de los Montes de María.
Rodrigo Rodríguez, es reconocido como uno de los artistas de mayor trayectoria en toda la sabana de Sucre, Córdoba y Bolívar. Ha logrado grandes éxitos en Méjico a donde frecuenta con su agrupación para atender extensas giras musicales que le han dado la oportunidad de tener el cariño de los mejicanos. Por todos estos antecedentes es en la actualidad uno de los acordeonistas y compositores más prolíficos que ha parido la música terrígena de este lado de América Latina.
En
más de 30 años de vida artística, Rodríguez Lora ya casi se acerca a las 50
producciones discográficas, realizadas en
compañía de connotados cantantes como su paisano, el compositor Adolfo
Pacheco; el cantante sucreño Miguel Cabrera, con quien diseñara un
excelente cuadro musical durante el auge del llamado vallenato romántico en la
década de los años 80; y con el cartagenero Manuel “Mañe” Bustillo, coronando
selecciones de canciones folclóricas del Caribe colombiano.
Pero, al igual que ha sucedido con otros artistas colombianos, Rodrigo Rodríguez es mucho más conocido en el exterior que en Colombia, pues en México (en donde se le conoce como Roy Rodríguez) goza de una sólida preferencia por cuya razón no dudan en catalogarlo como otro de los reyes de la cumbia, después del desaparecido Andrés Landero Guerra.
Juan Piña le canta a San Jacinto viene a ser uno de sus más recientes proyectos, concebido en la ciudad de Barranquilla, más exactamente en casa del también músico Osvaldo Olivera, quien en alguna ocasión había hecho parte de la orquesta La Revelación, que fue, durante mucho tiempo, el marco musical de Juan Piña.
En esa parranda, obviamente, también estaba como invitado Juan Piña, quien acaba de llegar de los Estados Unidos, en donde había residido por varios años y lejos de las actividades musicales que tanta gloria le dieron en Colombia.
En medio de la celebración, le comunicó a Osvaldo Olivera su buena impresión por el estilo de Rodrigo Rodríguez en el acordeón, por lo cual se animó nuevamente a imaginar otra grabación en estilo vallenato tradicional, a pesar de que llevaba 15 años sin cantar en ese género. Pero la propuesta sufrió una variación, pues Rodríguez le sugirió que el disco compacto se hiciera con acordeón en estilo sabanero.
La primera canción que Piña tenía en mente era el merengue clásico de Adolfo Pacheco, El viejo Miguel, a lo que Rodríguez aportó el resto del repertorio: Mercedes, El cordobés, La hamaca grande, La muerte de Eduardo Lora, La pava congona, La cuna de Landero, La maestranza, Sueño con María y Milagro de amor, este último de la autoría del acordeonista.
Los gastos de la producción corrieron por cuenta de ambos artistas, y fue así como en febrero de 2011 comenzaron grabando en los estudios de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Sayco), en Barranquilla; y concluyeron con las mezclas en el estudio Audio Sistemas, de Javier Weber, en la capital del Atlántico.
La grabación, que también contó con la participación del cantante venezolano Argenis Carrillo; y la cantante colombiana Norma Villa, salió al mercado fonográfico el 12 de agosto de 2012, bajo el sello Damar Producciones, de propiedad de Rodrigo Rodríguez.
El lanzamiento tuvo lugar en Cartagena, en el Teatro Adolfo Mejía y en la Plaza de la Paz, con una primera edición de mil copias, que se agotó rápidamente, gracias a la promoción que se adelantó en las redes sociales de internet, debido a lo cual muchos amantes del folclor, que residen dentro y fuera de Colombia, llamaban a Rodríguez en aras de adquirir el disco compacto. Ya se está cocinando una próxima edición de mil ejemplares.
Juan Piña le canta a San Jacinto está nominado el premio Grammy Latino en la categoría de cumbia/vallenato, por su carácter netamente folclórico, aunque debe ratificarse que está cimentado sobre lo más rancio de la música sabanera, la expresión melódica y literaria que siempre se ha cultivado en los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba, tarea que no le quedó grande a Juan Piña, bajista consumado, que domina armonías y cinquillos con que dominar la vocalización de diferentes aires tropicales.

“La nominación aparece en la página oficial de los Grammy Latino, en donde Colombia obtuvo otras 17 nominaciones entre los que están Juanes, Shakira, Chocquibtown y Maía; y en la misma categoría de Rodrigo Rodríguez compiten Jorge Celedón, Diomedes Díaz, Omar Geles y Silvestre Dangond. Los ganadores serán anunciados en la ceremonia oficial que se realizará en Mandalay Bay Events Center en Las Vegas el 15 de noviembre de 2012”, ha informado, por estos días, la prensa especializada.
Quienes conocen de cerca a Rodrigo Rodríguez no sólo destacan su don de gentes, su generosidad y mesura en cuanto a relaciones sociales, sino también su comprobado amor por la tierra que lo vio nacer. Por eso, en ninguna de sus producciones discográficas ha olvidado incluir canciones clásicas o nuevas de los compositores de la sabana.
Actualmente, además de ser uno de los técnicos de acordeones más prestigiosos de la Región Caribe, viene concibiendo proyectos como Acorbanda, una serie de discos compactos en donde rinde homenaje a la música sabanera, en formato de agrupación corralera; es decir, una combinación de banda papayera con acordeón.
Pero
también concibió la producción Entre el Valle y mi Sabana, en donde se hizo
acompañar del extraordinario cantante cartagenero Mañe Bustillo, para grabar
temas clásicos de los cancioneros vallenato y sabanero, pero con sonido de
parranda y con mucho sabor a pueblo, producción que ya se apresta de
materializar un segundo volumen.
Un semillero de acordeonistas y cantantes infantiles y juveniles espera su turno en los Montes de María, donde el maestro Rodríguez tiene una escuela patrocinada por el Sena, la cual ha mostrado sus frutos en los diversos festivales de música sabanera que se realizan anualmente en la región, y de los cuales Rodrigo Rodríguez fue ganador en varias ocasiones durante sus inicios como acordeonista y compositor.
Un semillero de acordeonistas y cantantes infantiles y juveniles espera su turno en los Montes de María, donde el maestro Rodríguez tiene una escuela patrocinada por el Sena, la cual ha mostrado sus frutos en los diversos festivales de música sabanera que se realizan anualmente en la región, y de los cuales Rodrigo Rodríguez fue ganador en varias ocasiones durante sus inicios como acordeonista y compositor.

De lograr alzarse con el premio Grammy Latino, Rodríguez sería el segundo artista sanjacintero en recibirlo, tomando en cuenta que el mismo galardón llegó por primera vez a esa tierra de manos del legendario conjunto Los gaiteros de San Jacinto, quienes lograron destacarse mediante su producción Un fuego de sangre pura, en donde continuaron con la misma sapiencia y sonoridad que fundaran Toño Fernández y los hermanos Lara.
Si el premio no aterriza de nuevo en San Jacinto, la sola nominación sería suficiente para que las autoridades distrital y departamental hicieran un justo reconocimiento a Rodríguez, tal vez el más grande defensor con que cuenta el folclor de los Montes de María en la actualidad.
sábado, 3 de diciembre de 2011
FIESTA Y CORRALEJA
La banda sonora de las fiestas novembrinas
RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P
Cincuenta y seis años de publicado cumplirá este diciembre el trabajo discográfico “Fiesta y corraleja Vol.1” que grabó en los estudios Fuentes, de Cartagena, la agrupación “Pedro Laza y sus pelayeros”.Sobre la suerte de esa producción, una vez salió al mercado, existen versiones encontradas. Unas dicen que fue concebida como un homenaje a las corralejas taurinas que aún se celebran en municipios de la costa Caribe colombiana, otras que se hizo pensando en las fiestas de Cartagena y en los carnavales de Barranquilla.
Finalmente se convirtió en algo así como la banda sonora de las fiestas novembrinas de la Ciudad Heroica.
Después de medio siglo de existencia, “Fiesta y corraleja Vol.1” sigue siendo una referencia obligada no sólo en la programación de las estaciones radiales, sino en las fiestas particulares y en los bailes públicos que surgen alrededor de las fiestas de noviembre.
El disco, instrumental en su totalidad, recoge los aires musicales costeños que hacían furor en la década de los 50, mediante piezas como los fandangos El mochilero, de Edrulfo Polo; El zorro, Pie pelúo; y Mi aguinaldo.
Los porros Sin breque, de Rufo Garrido; El guarumo, El guayuyo, El chivo mono y El iguano, de Edrulfo Polo; Cara e piedra, de Rufo Garrido; y El barraquete, de J.C. Altamiranda; y la cumbia La papera, de Clímaco Sarmiento.
Estas eran composiciones de los músicos que participaron en esa grabación o que eventualmente eran llamados por Pedro Laza para que integraran alguna de las empresas discográficas que ideaba Antonio Fuentes con “Los pelayeros”, como se le conoce cariñosamente al grupo.
Algunos aficionados consideran que “Pedro Laza y sus pelayeros” era algo así como “La Fania All Star del porro”. Por ella pasaron los mejores músicos folclóricos de la época, quienes se encargaron de sacar el porro del enclaustramiento en que se encontraba.
Según Manuel “El tíbiri” García Barcasnegras, quien hizo las veces de segunda trompeta en “Fiesta y corraleja Vol.1”, este fue concebido desde el principio como un disco de larga duración que contendría doce piezas instrumentales, que se practicaban en la mañana en el barrio Escallón Villa, en la casa del saxofonista Rufo Garrido; y se grababan en la tarde en los estudios de Antonio Fuentes, en Manga.
“El tíbiri”, de 80 años, y natural de Soplaviento (Bolívar), asegura que la grabación completa duró dos días y que pudo haber salido al mercado mucho antes de noviembre, entre 1954 y 1955, pues la idea de Antonio Fuentes era que el público se fuera acostumbrando a escucharlo desde antes de las fiestas.
Sin embargo, asegura el trompetista, el disco pasó desapercibido en las fiestas, por lo cual la agrupación sólo vino a estrenarlo en los carnavales barranquilleros de 1955, en un sitio conocido como “Mi Kiosquito”.
“Los cartageneros que fueron ese año al carnaval” asegura ˜El tíbiri” escucharon por primera vez esos temas, les gustaron y empezaron a comprar el Long Play. Entonces, se lo trajeron para Cartagena y fue cuando se convirtió en el himno de las fiestas de noviembre”.
García Barcasnegras también afirma que las grabaciones se hicieron en el mismo orden en que aparecen en las dos caras del larga duración:
Lado A: El mochilero, Sin breque, El zorro, El guarumo, Pie pelúo y El guayuyo.
Lado B: El chivo mono, El iguano, Mi aguinaldo, Cara e piedra, La papera y El barraquete.
Los músicos que participaron, de acuerdo con lo que recuerda “El tíbiri”, fueron Rufo Garrido, en el saxofón tenor; Nicolás de Ávila y César Quiñones, en el saxo alto; Pedro Laza, en el contrabajo; “Matamba” Márquez, en los timbales; Tony Zúñiga, en las maracas y guapirreos o gritos de monte; Edrulfo Polo, en la primera trompeta; Manuel “El tíbiri” García, en la segunda trompeta; y Cresencio Camacho en los gritos de monte.
Anota “El tíbiri” García que muchas de los cortes del LP, al momento de ser escritos por sus respectivos compositores, recibieron nombres diferentes a los que tienen ahora, pero en cuanto iban siendo grabados, Antonio Fuentes se los cambiaba por vocablos que resultaran más comerciales y más cercanos al ambiente de las corralejas de la Costa.
Por la grabación de este trabajo, que se hizo con un solo micrófono, dice “El tíbiri” que cada músico recibió 12.000 pesos como pago y que los primero cortes que pegaron fueron Pie pelúo, Mi aguinaldo y El mochilero.
“Creo que la razón para que ese LP se haya convertido en el himno de las fiestas novembrinas, estriba en que los temas fueron muy bien escogidos, los músicos que participaron éramos de lo mejor que había en Cartagena en ese momento. Por eso las emisoras se dedicaron a difundirlo fuertemente, no sólo en noviembre sino durante todo el año 55” , opina ˜El tíbiri”
En la carátula más antigua de ese LP está la imagen de una corraleja pueblerina con un solo palco lleno de niños y adultos, mientras en la arena se ve una multitud de hombres luciendo sombreros vueltiaos, sombreros aguadeños, pantalones kakis y camisas del mismo material.
La gráfica fue tomada en las fiestas patronales de Arjona.
En el libro “Personajes y episodios de la canción popular”, del locutor barranquillero Álvaro Ruiz Hernández, el autor coincide con Manuel “El tíbiri” García en que los primeros temas de “Fiesta y corraleja Vol.1” que empezaron a pegarse fueron Pie pelúo, Mi aguinaldo y El mochilero, que llamaron la atención del público desde diciembre de 1954. Hicieron furor en los carnavales barranquilleros de 1955 y se quedaron sintonizados hasta las fiestas novembrinas de ese mismo año.
En algunos apartes del mismo libro, el autor deja entrever que, contrario a lo que afirma “El tíbiri” García, la grabación no fue concebida desde el principio como un LP, sino que salió al mercado en discos de 78 revoluciones por minuto.
Por su parte, el docente e investigador cartagenero, Émery Barrios, considera que el disco sí fue planeado desde el principio como un LP.
“Y prueba de ello es la unidad sonora que el LP sostiene desde el primero hasta el último corte, característica de la que carece el disco “Fiesta y corraleja Vol.2, el cual (y desconozco las razones que tuvo la compañía Fuentes) no es más que una recopilación de temas que fueron grabados en diferentes momentos y con diferentes músicos e instrumentos. Es más, algunos cortes no pertenecen “Pedro Laza y sus pelayeros, dato en el que la disquera Fuentes no fue suficientemente honesta. Por lo tanto, el disco en cuestión carece de la unidad sonora del volumen 1, pero esta es otra historia”.
Barrios estima que la principal razón para que “Fiesta y corraleja Vol.1” permanezca en el ambiente novembrino de Cartagena reside en el objetivo que se trazaron sus productores desde antes de iniciar la grabación.
“En primera instancia Antonio Fuentes quería que el disco sonara como si el oyente tuviera una banda en vivo en su propia casa, además de que los temas fueron escogidos para que se produjera un LP esencialmente bailable. Y esa es la razón del jolgorio, la alegría y hasta el sentimiento que invitan a bailar a lo largo del disco”, subraya Barrios.
Una de las características más relevantes del LP es la presencia de siete cortes revestidos de melodías sumamente sentimentales y hasta desgarradoras, aunque la procacidad de sus títulos haga pensar en otra cosa.
Resulta un poco chocante para el oyente que ejecuciones tan excelsas y emotivas padezcan nombres como El cariseco, El barraquete, El chivo mono, El iguano, Sin breque, El guarumo y Cara e piedra.
Al respecto, en una de las últimas ediciones de “Fiesta y corraleja Vol.1” que la disquera Fuentes lanzó al mercado en formato de disco compacto, puede leerse una reseña de la musicóloga Ofelia Peláez, según la cual El barraquete y El chivo mono eran los nombres de dos toros criollos “... que fueron orgullo de su raza y por su bravura fueron muy temidos por los manteros”.
Esto último corroboraría las versiones según las cuales el LP fue concebido desde el principio como un homenaje a las corralejas, lo que también es ratificado por Javier Laza Murillo, uno de los hijos del desaparecido maestro Pedro Laza.
Laza Murillo se encuentra entre quienes afirman que, en un principio, no se trató de un LP propiamente dicho, sino de la recopilación de doce discos de 78 r.p.m. que fueron publicándose durante 1954 y 1955.
“Muchos de los títulos de esos cortes”, explica Laza Murillo, eran nombres de toros famosos o de haciendas pertenecientes a prestigiosos ganaderos costeños. Algunos de esos temas se iban creando según las fechas y lugares de las fiestas patronales que se organizaban en pueblos importantes de la costa. Como se ve, la intención era conquistar el mercado de la región, exaltando sus aires musicales más queridos”.
De paso, Javier Laza aclara que el único de los doce temas que no recibió nombre de toro o de hacienda es Pie pelúo, pieza que se le atribuye al clarinetista soplavientero Clímaco Sarmiento, quien en alguna ocasión contó que se trata del apodo de una amiga suya, quien tenía un lunar con varios bellos en uno de sus pies.
Laza, contradiciendo un poco a Manuel “El tíbiri” García, afirma que los guapirreos y gritos de monte que se escuchan al fondo de la grabación no son de Tony Zúñiga ni de Cresencio Camacho, sino de los hermanos Taborda, dos percusionistas que frecuentemente alternaban las tumbadoras y los timbales.
“Ese disco se volvió símbolo de las fiestas novembrinas,”remata Laza”, por su variedad, su ejecución y porque, definitivamente, no había en Cartagena una agrupación con la misma calidad de ˜Pedro Laza y sus pelayeros”.
Apuntes aparte
”Edrulfo Polo, primera trompeta de “Los pelayeros”, es considerado por algunos estudiosos como el “Louis Armstrong” y el “Alejando Vivar” de la música costeña. Se dice que sus grabaciones nada tienen que envidiarle a los discos de salsa que llegaron a Colombia durante esos años. Lo apodaban “El triata”, dada su habilidad para ejecutar tres notas y hasta cinco en el mismo tiempo. Óigase el tema Pie pelúo.
”El saxofonista Rufo Garrido es considerado el genio de “Los pelayeros”. Se dice que no sabía escribir partituras, pero inventó un sistema de símbolos propios con los que creaba sus arreglos. Muchos consideran que en “Fiesta y corraleja Vol.1” está es espíritu de Garrido, de principio a fin.
” Aún no es claro si la totalidad de los cortes que aparecen en “Fiesta y corraleja Vol.1” también tienen letras, pero hasta el momento se sabe que Pie pelúo es el único que la tiene.
”Aún se desconoce cuántas copias ha vendido durante todos estos años “Fiesta y corraleja Vol.1”. Y mucho menos, cuánto han recibido sus ejecutores, sus compositores y herederos.
martes, 29 de noviembre de 2011
La Fuga del Esplendor
Nuevo libro del periodista Rubén Darío Álvarez.
Artistas y agrupaciones musicales como Viviano Torres, Lucho Vega, Luis Lámbis, Inéditos de Colombia, Hugo Alandete, Nando Pérez, Pedro Pablo Peña, Juancho Álvarez, Jorge “El Cone” Aleán, Rafael Ricardo, Otto Serge, Mariano Pérez, Chela Ceballos, Patricia Teherán, Julio César Rocha, Emilia Herrera, Juan Carlos Coronel, Víctor “El Nene” del Real, Joaquín Torres, Rey Arturo González, Gerardo Varela, Ramón Chaverra y Conrado Marrugo fueron los encargados de revestir a Cartagena de un prestigio artístico que no tardó en verse reflejado en certámenes de alta importancia como los carnavales de Barranquilla, entre otros, en los que anualmente más de la mitad de los principales invitados eran los grupos de la famosa Ciudad Heroica.
Los protagonistas de este homenaje contarán sus historias a través de entrevistas con preguntas y respuestas, pero antecedidas (en algunos casos) de una introducción que recreará lo que fueron sus vidas antes, en y después del boom.
Rubén Darío es Comunicador Social-Periodista, egresado de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla. Actualmente es redactor de planta del diario El Universal de Cartagena y es autor de los libros: Noticias de un poco de gente que nadie conoce, Crónicas de la región más invisible.
El documento está argumentado en el hecho de que desde finales de la década de los setenta hasta principios de la década de los noventa, se vivió en la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia) un despertar de la música popular en diferentes géneros, pero por encima de todo en lo concerniente a la música de orquestas, o tropical, como suele llamársele.
Ese fenómeno provocó que salieran a la palestra pública artistas que ya venían luchando por crear un espacio nuevo para la maestría de los músicos cartageneros, pero que, al amparo del nuevo público que encontraron en los años ochenta, aparecieron con un aire de renovación como no lo tuvieron en los tiempos de sus inicios.
Otros, espoleados por la popularidad que cobraban esos músicos y cantantes veteranos, se lanzaron al escenario con propuestas musicales enérgicas y futuristas, aunque siempre conservando un sello sonoro que en los años subsiguientes terminó por identificar a Cartagena en todos los ámbitos de la farándula nacional.
A principios de los años 80, cuando nace el “Festival de Música del Caribe de Cartagena”, la producción de orquestas, conjuntos de acordeón, la aparición de compositores y cantantes, el florecimiento de los grupos folclóricos y las primeras manifestaciones de la música champeta tomaron una fortaleza que se extendió hasta los años noventa, con la consiguiente respuesta de las demás ciudades de la Costa y del interior del país, que empezaron a organizar y a darle impulso a sus propias agrupaciones musicales para emular a Cartagena.
Las producciones discográficas, respaldadas por las casas disqueras de mayor prestigio en Colombia, ocupaban puestos de privilegio en los estantes de los almacenes de discos y en los tornamesas de las emisoras, pues con el boom de los grupos musicales de Cartagena no sólo se estaba exaltando el espíritu caribeño —tantas veces reflejado en otras manifestaciones del arte— sino que también se estaba creando un sentido de pertenencia en los cartageneros, que se sentían orgullosos de saber que el panorama musical popular de Colombia lo estaban protagonizando personajes surgidos de su propia tierra.
En las tarimas locales y nacionales el resultado era igual: nuestras orquestas y conjuntos competían con las agrupaciones extranjeras que en esos momentos también ocupaban primeros puestos de sintonía en los diferentes listados de las estaciones radiales, pero sin restarle importancia al producto cartagenero.
Llegada la década de los 90, el fenómeno empezó a decaer por diferentes circunstancias, entre las que no está, por supuesto, la disminución del talento de nuestros artistas, pero sí la desaparición del “Festival de Música del Caribe”, para algunos, y la falta de una visión empresarial futurista de parte de los mismos artistas que protagonizaron el fenómeno, para otros; además de otras razones, que sería largo mencionar en el instante.
Sin embargo, quedan para la posteridad todas las producciones discográficas que en más de diez años realizaron esas agrupaciones musicales, tal vez sin pretender que más tarde estas se convirtieran en prueba irrefutable de su paso por la constelación sonora y literaria de la que el público costeño y colombiano también hizo parte desde la otra orilla.
Son muchos los cartageneros y melómanos de otras partes del Caribe colombiano que aún extrañan el sonido, las letras y los arreglos de aquellas canciones que fueron las preferidas de las juventudes de entonces, pero es posible que muchos de esos nostálgicos jamás se hayan enterado de quiénes eran esos seres humanos que prestaban sus voces, sus inteligencias y sus energías para llevar alegría a los salones y solares en donde aguardaban el entusiasmo y la espiritualidad del ethos caribeño.
Es muy probable que quienes se acostumbraron a escuchar y a admirar a esos artistas se hayan preguntado alguna vez cómo eran sus vidas, qué cosas pensaban, de dónde habían salido, cómo manejaban sus talentos, cuáles eran sus vicisitudes, cuáles sus alegrías, qué tan fáciles o tan difíciles fueron sus carreras o qué pensaban de la vida y de la fama que los tocó asumir.
Quedan las producciones discográficas, sí. Pero también sería muy bueno acompañar esa herencia armoniosa con una antología de historias contadas por los mismos artistas; historias que no sólo sean el testimonio de una época brillante de Cartagena, sino también el punto de partida para que cuando se vuelva a presentar un fenómeno parecido, las cosas hacia al futuro se visionen de una manera más afortunada.
Y en este último párrafo quedaría consignada la importancia de recopilar una serie de entrevistas que en alguna ocasión nos hicieron sentir orgullosos de ser cartageneros.
El libro viene acompañado por un cd que incluye parte de los éxitos de ese gran momento de la música cartagenera, canciones como; Discúlpeme señora, Sonrisas, Llora corazón, Samba en palenque, El cacharrero, Sarampión, Martica, Señora, Tristezas sobre tristezas, Me Dejaste sin Nada, Tarde lo conocí, Luna, El lobo, Patacón pisao, Permiso, Vamos pa’ esa, Bacano, Planificación, El destino y Fuiste mala.
“Tengo más de quince años escribiendo sobre música y músicos, aunque no me considero investigador, más bien un musicográfo”. Afirma Álvarez Pacheco.
He participado en programas de radio en Todelar, la voz de Turbaco y actualmente en UDC radio, de la universidad de Cartagena -afirma con profunda satisfacción.
Finalmente, nos hizo saber que el libro estará en las principales librerías en los primeros meses de 2012.
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